Actualmente, estando en tiempos de pandemia por el Covid 19, la incertidumbre y el desconocimiento de dicho virus aumenta exponencialmente nuestros miedos nuestras ansiedades y en definitiva nuestras inquietudes e inseguridades.

Y todavía más, quizás hemos perdido el empleo o tenemos miedo de perderlo, con lo cual tenemos menos ingresos, o quizás nos asusta no acceder a un buen seguimiento médico por falta de personal, o peor aún, nos planteamos que pasaría si contagiamos a nuestros seres queridos y qué repercusiones podrían darse.

Y a todo eso, solo falta añadirle que todo el mundo ha sido impactado, de un modo u otro, por los daños colaterales de esta pandemia.

El hecho es que la situación es la que nos toca vivir, pero podemos mejorar la manera de afrontarla. Están en nuestras manos diferentes maneras de abordar cómo nos sentimos y procurar redirigir nuestras energías a llevarlo de la manera más saludable posible.

Hemos percibido que lo que se generaliza en la población son muchos casos de ansiedad y estrés, así como mucha sintomatología depresiva.

Vamos a ver cómo la relajación nos puede ayudar en este sentido cuando nos encontramos con la sintomatología de estos cuadros y qué precauciones debemos tomar al respecto.

Sintomatología ansiosa

Primero, analizaremos en qué consiste el concepto de estrés y ansiedad.

En momentos y situaciones normales ante una amenaza, nuestro organismo ejecuta una respuesta de huida o de lucha para responder a esa amenaza. Esa misma respuesta genera en nuestro cuerpo ciertos cambios que podemos observar o sentir como, por ejemplo, aumento de la presión sanguínea (este es más difícil de detectar a menos que vengamos controlándonos la tensión regularmente), aumento del ritmo cardíaco (podemos ver cómo se dispara en nuestro pecho cuando) o aumento de la frecuencia respiratoria (notamos una respiración más rápida que tiene tendencia a subir hacia las clavículas).

Todo ello nos hace estar alerta para para combatir el estímulo de amenaza con la huida o con la lucha. Necesitamos estas respuestas como parte de nuestro instinto de supervivencia.

Es más, para llevar el día a día, necesitamos ese punto de activación para poder reaccionar ante los sucesos cotidianos (por ejemplo, saltar hacia el costado si viene un coche, caminar hacia delante durante unos metros ante un viento huracanado para llegar a un lugar seguro, etc. y un sinfín de casuísticas de cada persona en cada momento).

Este grado de ansiedad nos permite afrontar las situaciones, pero si llega un punto que excedemos mucho este nivel, podemos empezar a no sentirnos bien y podemos generar un malestar que nos afecte en varias o todas las áreas de nuestra vida, llegando incluso a bloquearnos. En estos casos, se pueden crear trastornos de ansiedad como, por ejemplo, el trastorno de ansiedad generalizada, las fobias, los ataques de pánico, el trastorno por estrés post – traumático, entre otros.

Es cierto que existen innumerables causas en nuestras vidas que nos pueden hacer sentir ansiedad. Si nos paramos a pensar, podremos desglosarlos en varios factores globales como:

• Biología o genética: predisposición genética a producir sintomatología ansiosa.
• Situación socioeconómica: tales como la educación, el nivel económico, etc.
• Ambiente laboral: sea de trabajo (sobretodo ahora con el Covid, con todas las restricciones respecto a la distancia y las medidas de precaución, …), sea por paro, o por mobbing
• Medio ambiente: clima, contaminación (este punto dificulta, por ejemplo, la capacidad respiratoria), número de personas por metro cuadrado, etc.
• Familia: aumento de las familias desestructuradas cuando hay necesidad de intervención de los asistentes sociales, las familias monoparentales, los divorcios, etc. todo esto favorecería las situaciones de conflicto, y, por tanto, también de crispación, y consecuentemente, de ansiedad.

Deberemos estar atentos a todas estas circunstancias y situaciones para evaluar cuando acudir a un profesional de la salud.

Sintomatología depresiva

Ahora, podemos observar la otra cara de la moneda, los síntomas depresivos. En este punto podríamos hacernos un auto chequeo, para ver si nos vemos afectados por esta casuística. Además de un sentimiento de tristeza presente a lo largo del tiempo, según nuestra personalidad y experiencia personal, podemos sentir un gran vacío interno, desesperanza, pesimismo, baja autoestima, culpa, inutilidad, desamparo, pérdida de interés en actividades supuestamente agradables o placenteras para cada uno de nosotros, dificultad de concentración y de toma de decisiones, trastornos del sueño,
trastornos de la alimentación y/o digestivos, pensamientos negativos recurrentes (incluidos los relacionados con la muerte), irritabilidad, agresividad, fatiga, dolores corporales (jaquecas, tensión en los trapecios o contracturas en la espalda,…).

Si nos vemos reflejados en varios de estos puntos, quizás sea conveniente plantearse acudir a un profesional para ver si estamos ante un caso de depresión severa, de distimia, ante un trastorno bipolar u otros que estén afectando nuestra calidad de vida.

Tanto en la sintomatología ansiosa como en la depresiva, deberemos ser conscientes de los fármacos administrados de cara a trabajar con la relajación (ansiolíticos, antidepresivos, sedantes, etc.). Deberemos analizar los efectos en cada caso.

¿En qué nos beneficia la relajación?

Cada uno de nosotros presenta una actitud diferente frente a las adversidades de la vida. Es más, esta actitud determinará la actitud que tendremos frente a los otros. Y, a su vez, nuestra actitud vendrá determinada por nuestras experiencias de la infancia, nuestra personalidad, nuestros vínculos familiares y con personas próximas, los acontecimientos que vengan sucediendo, etc.

Pero, ¿qué queremos conseguir con la relajación? Pues, en muchas ocasiones y según lo que comentan todas las personas que vienen a una sesión de relajación, un estado de bienestar generalizado, con mayor lucidez mental, con mayor capacidad de concentración y de toma de decisiones, con un sueño de más calidad, con un afrontamiento positivo frente a los innumerables retos cotidianos, con un mayor control dela ansiedad, entre otros; es decir, buscamos un estado de felicidad y de paz mental que nos permita tener una vida saludable y gratificante.

La relajación nos permite soltar y aflojar la tensión, e incide directa y positivamente en el cuerpo, en lo cognitivo y en lo emocional. Estos tres factores se realimentan los unos a los otros; por tanto, al trabajar el cuerpo, variarán nuestras emociones y nuestros pensamientos.

A nivel psicológico, la relajación contempla todo aquello en nosotros (además del cuerpo, claro), que cambia, que evoluciona, que se transforma, que sucede mediante un proceso. En este nivel podemos distinguir dos aspectos a tener en cuenta: primero, la parte más afectiva, y luego, igualmente importante, la parte más mental.

Adentrémonos un poco en dichos puntos

Respecto a la parte afectiva, dónde hallamos todos los sentimientos y todas las vivencias que experimentamos, distinguimos las emociones de los sentimientos. Desde esta visión, encontramos las emociones como afectos temporales con una gran correlación somática y que suelen ir de un extremo al otro de la línea de intensidad y de cada polo (blanco o negro, por ejemplo) de la misma; y vemos los sentimientos como “emociones” o vivencias más estables, más profundos y que surgen de una relación de factores más interna.

Respecto a la parte más mental, dónde hallamos todos los pensamientos, los juicios, los análisis, las comprensiones y la mirada que ponemos en cada situación, distinguimos los pensamientos de la atención.

Desde esta otra visión, encontramos el pensamiento como el proceso de relación de ideas, dónde se compara, se teoriza, se juzga y se razona y dónde dichos pensamientos se interrelacionan modificándose unos a otros; y, por el otro lado, podemos ver el concepto de atención, como un acto simple y directo que une lo intelectual con el resto de nuestros componentes, permitiendo que estos puedan ser
conscientes. Si conseguimos mantener la atención, podremos tener la capacidad de estar en la “cosa observada”.

Cabe destacar que emoción y pensamiento se retroalimentan en un círculo dónde también cabría la conducta en la vida cotidiana. En relajación, básicamente, como espectador, veremos el flujo entre emoción y pensamiento.

Respecto a la conducta mencionada, y por tanto a la acción, cabe destacar que es necesario cierto grado de tensión, ya que deberemos sostener gestos para poder actuar.

Y esta tensión en sí no es un problema si la alternamos con momentos de relajación; ya que en caso contrario provocaríamos la contracción del cuerpo (y por tanto, posibles bloqueos mentales), rompiendo nuestro equilibrio natural.

¿Cómo detectamos que estamos sosteniendo tensión?

Desde la parte afectiva, cuando se mantienen en nosotros emociones negativas, llegando incluso a cronificarse. Nos sentiremos inmersos en experiencias muy intensas y variables emocionalmente situadas en un nivel superficial.

Desde la parte mental, cuando nuestros propios patrones de pensamiento se vuelven recurrentes, y generan un círculo vicioso. Nuestra mente quedará atrapada por estos pensamientos, no permitiendo la atención a otros aspectos de nuestra vida y generando cierta dispersión en el resto de áreas.

¿Cómo nos relajamos?

La tensión vista como contracción requiere energía y mente, y la relajación combina la toma de consciencia y el soltar y aflojar del cuerpo con intención. Por tanto, gradualmente iremos liberando energía y consciencia de los niveles más superficiales, para ir adentrándonos en niveles más profundos. De este modo, podremos favorecer un trabajo psicológico más profundo.

Desde el punto de vista afectivo, la relajación favorece que podamos movilizar las emociones negativas que quizás se hayan cronificado, que podamos vivenciar de forma más fluida nuestras emociones y que podamos profundizar y adentrarnos en nuestros sentimientos. Para ello, tomaremos consciencia de nuestras propias emociones por el proceso de observación atenta.

Desde el punto de vista mental, la relajación favorece que la mente pueda soltar los pensamientos negativos que nos bloquean permitiendo evitar la dispersión excesiva y facilitando la lucidez mental; también favorece que podamos sostener la atención focalizada en los aspectos cotidianos de nuestra vida, y gracias a ello, iremos tomando más y más consciencia y profundizando en ella de forma progresiva. Para ello, tomaremos consciencia de nuestro propio patrón mental de pensamiento, observándolo como un espectador atento pero pasivo, que no juzga, que modifica, que simplemente observa.

Deberemos iniciarnos en la relajación con una actitud paciente y con perseverancia, dónde la mente dirigirá el proceso voluntariamente en el momento presente y con intención.

Ahora ya estamos preparados para comenzar a disfrutar de las sesiones de relajación, comprendiendo qué sucede en nosotros mismos, y cómo podemos beneficiarnos de su práctica regular. Todo lo visto se entrena, es un proceso que se va instalando poco a poco, al igual que sus innumerables beneficios.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA MANUAL TUTOR DE YOGA. G. CELLA. ED. TUTOR YOGA TERAPÉUTICO. G. CELLA. ED. TUTOR YOGA NIDRA. SWAMI SATYANANDA. YOGA PUBLICATIONS TRUST LUZ SOBRE EL YOGA. IYENGAR. ED. KAIROS

Si queréis probar qué efectos tiene en vosotros una sola relajación. Haremos un repaso de los beneficios, las posibles contraindicaciones y la metodología de la relajación y disfrutaremos de una sesión de relajación on-line.

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