Abundan las falsas creencias acerca de los trastornos mentales, los cuales son poco conocidos y aceptados entre la población. Aunque en los últimos años se está apreciando un cambio en la forma de ver la salud mental, pasando de ser un tema tabú a uno del que se puede hablar de forma más abierta, aún existen falsas creencias y estereotipos que no corresponden a la realidad.

Cuando se habla del trastorno obsesivo compulsivo o TOC se oyen expresiones como, “que algo esté fuera de lugar me provoca TOC” o “esa persona es tan maniático que parece que tiene TOC”. Suele decirse cuando algo molesta por estar fuera de orden o cuando se quiere algo de una manera muy específica. Es cierto que todos tenemos manías o hábitos idiosincráticos, pero no tiene por qué ser una obsesión y mucho menos un trastorno.

Es debatible si este lenguaje puede empeorar estigmas en la población por minimizar la realidad aún bastante oculta de la enfermedad mental. Comparar nuestra experiencia cotidiana con una patología puede hacer pensar a quien lo sufre que lo suyo no es nada malo, sino algo que todo el mundo experimenta. Si esto ocurre puede no ver la necesidad de buscar ayuda por sentir que su problema no es bastante serio.

Aunque el uso de lenguaje más inclusivo no es suficiente para eliminar los estigmas, si es importante saber cuál es la realidad cuando se habla de TOC.

Entonces para empezar ¿ qué es el TOC? El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno caracterizado por la presencia de pensamientos ansiógenos recurrentes. Estos pensamientos intrusivos, llamados obsesiones, pueden ser de muchos tipos e incluso cambiar de un momento a otro. Esto a menudo va acompañado de unas conductas llamados compulsiones que sirven para mitigar el malestar causado por las obsesiones. Ya que las obsesiones pueden seguir casi cualquier temática las compulsiones también, por lo que el TOC es un trastorno variopinto y difícil de identificar. Lo que siempre tendrá como característica es la presencia de obsesiones y el sufrimiento que causan.

¿Qué distingue los pensamientos obsesivos de un pensamiento normal como los que tenemos todos? Saber diferenciarlos es uno de los grandes retos a los que se tienen que afrentar las personas que tienen TOC. Un pensamiento normal puede también ser desagradable y venir de forma recurrente. Sin embargo, con las obsesiones, resulta imposible deshacerse de ellos. Perduran durante mucho tiempo y la misma idea puede venir frecuentemente durante años. Ocupan gran parte del día del afectado, hasta el punto de interferir en su vida cotidiana. Estos grados de recurrencia y malestar son la distinción principal entre un pensamiento normal y una obsesión.

Por esto el TOC tiene mucho en común con los trastornos de la ansiedad. Mientras quien sufre un trastorno de ansiedad generalizado tiene sensación de peligro o que “algo” malo ocurrirá, en TOC hay ideas o imágenes claras de lo que se teme.

Las obsesiones pueden ser provocados por un evento o estimulo, pero muchas veces aparecen en ausencia de desencadenantes claros. Además, una vez que están en la cabeza parecen imposibles de evitar sin que funcione distraerse.

Dicho esto, veamos algunos de los mitos e ideas erróneas más habituales que rodean el TOC.

El elemento central del TOC son los rituales o compulsiones

El elemento central del TOC son las obsesiones, pensamientos intrusivos y recurrentes que causan temor o malestar. Las compulsiones, a veces llamados rituales, son un intento de detener estos pensamientos o mitigar la angustia que causan. Lo que puede parecer lo más característicos del TOC, los rituales, no son ni siquiera necesarios para la existencia del trastorno. En casos de un TOC en remisión o que aún se está formando es normal ver TOC sin compulsiones, aunque al ir empeorando pueden aparecer. Existe también TOC completamente sin compulsiones que puede ser igual de grave que uno con compulsiones.

El contenido de las obsesiones puede adoptar muchas formas e incluso cambiar a lo largo del tiempo, pasando de una temática a otra. Existen tanta obsesión o tipos de TOC como tipos de pensamiento, es decir casi infinitas. Por lo tanto, existen también casi infinitos tipos de compulsión. Todos comparten que son intentos de reducir el malestar que provocan las obsesiones.

Algunos de las formas más habituales de TOC son de contaminación (no solo por gérmenes, también por compuestos químicos o radiación), de necesidad de orden o simetría, de moralidad (en el que se teme que algunos actos o pensamientos son moralmente aberrantes) o fantástico (relacionados con situaciones imposibles). Existen más y no tienen por qué ser mutuamente exclusivos.

Generalmente las compulsiones aparecen tras un periodo de gestión de las obsesiones. Es decir, antes aparece el pensamiento, y después la conducta. Estas conductas sirven para lidiar con el malestar, y aunque en algunos casos parece clara la relación entre pensamiento y conducta, con algunos tipos de TOC es más difíciles de ver.

Por ejemplo, con un TOC de contaminación, las compulsiones frecuentemente serán de limpiar, pero con un TOC de moralidad, será menos obvio la relación. ¿Qué tipo de acto alivia la angustia causada por pensar que has hecho algo moralmente incorrecto?

Muchas veces las compulsiones toman forma de ritual, por ejemplo, lavarse las manos de una forma muy determinada, pero también pueden aparecer como tics, pequeños movimientos, gestos o comprobaciones excesivas.

Desde fuera, la relación entre obsesión y compulsión puede no ser coherente, en la mente de quién sufre TOC si lo es. Pueden ser conscientes de que hacer la compulsión no sirve de nada, pero es la única manera de aliviar las obsesiones.

Es importante señalar que, aunque las compulsiones no son lo que genera el TOC, si lo mantienen y empeoran. Conforme más se llevan a cabo las compulsiones más se incrustan como parte del día a día de quienes los hacen. Refuerzan el ciclo de malestar al servir como alivio y a su vez recordatorio del mismo. Además, si ocupan una gran cantidad de tiempo desplazan otras actividades y relaciones importantes de la vida. Por ello pueden ser la fuente de distanciamiento de familia, pérdida de empleo, o aislamiento social.

Tener TOC significa que te guste la limpieza u orden.

Cuando en el cine o televisión muestran un personaje con TOC, lo más habitual es mostrar un personaje que le guste mucho la limpieza o el orden. Esto puede significar que el personaje quiera que esté todo limpio, que tenga que hacer alguna tarea cotidiana un número exacto de veces o que quiera que las cosas se coloquen de una forma precisa.

Este tipo de personaje además es habitualmente usado en tono humorístico usando los síntomas como motivo de burla.

Es verdad que dos de los tipos de TOC más habituales son de limpieza o contaminación y de orden, pero no son los únicos y además este tipo de personaje obvia el motivo subyacente de las compulsiones.

No es lo mismo querer que las cosas estén limpias a tener miedo a las infecciones, por ejemplo. Mientras que la primera puede ser fuente de placer al ver las cosas como uno quiere, el segundo es un temor, el cual sirve para protegerse de un peligro real o imaginado. Por lo tanto, será vivido como una experiencia negativa.

En personas con TOC El deseo de limpiar o de tener un orden concreto no es por el gusto que da, sino para lidiar con el temor de que ocurre si no se hace. Las obsesiones son la raíz de la conducta compulsiva, y son el motivo por las cuales se realizan con tanta intensidad.

Paradójicamente en algunos casos de TOC de contaminación, la persona puede llegar a descuidar su propia higiene. Por ejemplo, si una persona teme mucho que su casa está contaminada y pasa gran parte de su tiempo limpiándolo, tendrá menos tiempo y energía para cuidar de sí mismo. Esto puede desembocar en no ocuparse de su higiene, o en que algunas partes de la casa no se limpien ya que no son el foco de la obsesión.

Se nota siempre quien tiene TOC

De nuevo en la ficción cuando un personaje tiene TOC suele ser uno de los elementos más centrales del personaje y sus compulsiones son obvios a cualquiera. Sin embargo, en muchas ocasiones el TOC no es notable a simple vista.

En primer lugar, las personas con TOC saben esconder sus compulsiones por temor a ser juzgados y estigmatizados. Muchos rituales se pueden incorporar a rutinas diarias de forma discreta o ser llevados a cabo solo cuando están a solas.

Esta disyunción entre como el TOC se plasma popularmente y la realidad puede dificultar a una persona con TOC reconocer que lo tiene. Si se comparan con lo que han visto, sus síntomas pueden no ser tan visibles, o no ajustarse al prototipo.

Esto significa que hay más personas con TOC de lo que se ve a simple vista, y algunos casos no son conscientes de su trastorno.

Se estima que más del 1% de la población tiene TOC, es de las enfermedades mentales más frecuentes en la población. Sin embargo, muchos afectados pasan totalmente desapercibidos.

No se puede hacer nada para solucionar el TOC

Existen una gran variedad de formas de tratar el TOC. Estas deben ser aplicadas de forma individual a cada paciente teniendo en mente sus circunstancias personales. Es decir, la terapia para el TOC se debe hacer desde la empatía y comprensión.

Dos de las técnicas terapéuticas más habituales son la exposición y prevención de respuesta y los cuatro pasos de Schwartz, los cuales serán descritos de forma resumida a continuación.

En la exposición y prevención de respuesta o EPR, de forma controlada y gradual se expone al paciente a situaciones que le generan ansiedad.

Paciente y terapeuta crean juntos una lista de estímulos según el grado de ansiedad que provocan. Se empieza con lo menos ansiógeno exponiéndolo al paciente hasta que le desaparece la respuesta de miedo. Cuando ya está calmado y sea capaz de enfrentarse al estimulo sin miedo, se puede pasar al siguiente, y así de forma progresiva enfrentándose a lo largo de varias sesiones a situaciones cada vez más ansiógenas. A la vez, el paciente tiene que evitar hacer compulsiones o irse.

Este tipo de terapia se crea de forma que tanto paciente como terapeuta acuerden el contenido e intensidad de las sesiones. Ambos además deben acordar que el paciente pueda hacerlo y modular el progreso según los resultados.

A pesar de ser uno de los métodos más eficaces de tratar el TOC y otros trastornos, requiere de un trabajo previo ya puede ser difícil de hacer si uno no está preparado y en un estado emocional correcto. Por ello, no se hace al comienzo de una terapia sino más adelante habiendo establecido una relación de confianza entre terapeuta y paciente y solo cuando el paciente se siente capaz.

Otra técnica habitual son los 4 pasos de Schwartz, las cuales sirven para identificar y parar pensamientos intrusivos.  Los 4 pasos son: 1. re etiquetar, 2. reasignar, 3. reenfocar y 4. revalorar.

Re etiquetar significa identificar y reconocer los pensamientos intrusivos como tal, reconocer que no son pensamientos normales, sino que son obsesiones con unas características concretas. Reasignar consiste en atribuir estos pensamientos y su malestar al TOC y no a uno mismo, ya que son fruto de una patología. Redirigir es aprender a parar los pensamientos y cambiar el foco de atención, normalmente haciendo una actividad que no sea una compulsión pero que rebaje la ansiedad. Finalmente revalorar es ver de forma global que los pensamientos obsesivos realmente no protegen del peligro, y no tienen ninguna utilidad.

Los pasos de Schwartz pueden parecer sencillos a simple vista y explicados de forma tan resumida, pero requieren mucho esfuerzo dentro y fuera del contexto clínico y tendrán que adaptarse a los matices de cada persona.

Existen más técnicas, y más elementos importantes de la terapia en TOC. Es habitual incorporar elementos de mindfulness, de relajación y también si es necesario tratar otras patologías que puedan estar presentes.

No está claro si el TOC se puede curar como tal. Muchas personas que han pasado por terapia luego son susceptibles a recaídas más adelante. Por eso es importante aprender técnicas aplicables en la vida cotidiana como control del estrés. Esto hace más fácil evitar recaídas, reducir su gravedad y saber identificarlos antes de que vayan a peor.

Esto no significa que la terapia no es útil.  Lleva a una mejora importante de calidad de vida. Se puede llegar a estar sin obsesiones ni compulsiones. Lo que no hay son curas milagrosas o que perduren sin un esfuerzo por ser mantenidos.  Se puede pasar a ser asintomático, pero hay que estar atento a posibles recaídas.

Finalmente, al igual que con muchos trastornos mentales, existen medicamentos que pueden ayudar con la sintomatología. No existe ningún medicamento específico para el TOC y los que se emplean tienen un efecto limitado. Es decir, ayudan, pero no son suficientes para tratar el TOC. Los más habituales son antidepresivos o anti ansiolíticos. El TOC además tiene una alta comorbilidad con la depresión y ansiedad generalizada, por lo que resultan útiles para tratar estos aspectos.

Las ideas que se pueden tener sobre el TOC no siempre reflejan la realidad de este trastorno. Como muchos aspectos de la vida, quien no lo ha sufrido probablemente no lo llegue a entender de verdad. Sin embargo, esperamos que, con esta entrada de blog, quedan claras algunos de los mitos más habituales y la verdad que esconden.

El TOC es un trastorno que mejora mucho con el tratamiento psicológico adecuado, por ello si cree que algunas de las situaciones o síntomas encajan con sus vivencias puede buscar ayuda profesional. En centro de psicología Canvis estaremos encantados de ayudarle.

Bibliografia:

International OCD Foundation. (2018, 23 julio). Exposure and Response Prevention (ERP). https://iocdf.org/about-ocd/ocd-treatment/erp/

Marks I. Behaviour Therapy for Obsessive—Compulsive Disorder: A Decade of Progress. The Canadian Journal of Psychiatry. 1997;42(10):1021-1027.

Schwartz J. & Beyette, B. (1996). Brain Lock: Free Yourself from obsessive-Compulsive Behavior: A Four-Step-Treatment Method to Change Your Brain Chemistry. Diane Pub Co.