La crisis de la mediana edad, un punto de inflexión

La temida crisis de los 40 llega de forma inesperada cual fiebre primaveral. Un momento en nuestras vidas de cuestionamiento personal y transición vital que generalmente implica cierto malestar emocional.

“Los 40 son la edad madura de la juventud; los 50, la juventud de la edad madura.” – Víctor Hugo (1802-1885)

Aunque se ha escrito mucho acerca de la crisis de los 40, actualmente la crisis de los 40 en realidad ya no es tal, es la crisis de los 50 debido al exponencial aumento de la longevidad  en el último siglo. Actualmente, la crisis de los 40 se sufre a los 50 años, momento en que alcanzamos la mediana edad.

Cumpleaños feliz… ¿O tal vez no? Es posible que, para algunas personas, el cumplir años se convierta, con el paso del tiempo, en una pesada losa más que en un hito digno de celebración y alegría.

Vivimos en una cultura en la que se valora lo más nuevo, lo inmediato, lo joven, la innovación en todos los ámbitos posibles, y puede llegar a parecernos que el cumplir años nos acerca cada vez más a la obsolescencia de lo antiguo.

La crisis de los 40, de los 50 o de la mediana edad, es un término muy popular para referirse a ese momento en que, supuestamente, dejamos atrás los años de niñez y juventud y no podemos seguir ignorando que un año más significa también un año menos.

Cada vez son más las investigaciones y expertos que sugieren que, llegados a la mitad de nuestra vida, podemos adquirir una plenitud que nos sería imposible vivir durante la primera mitad de la vida.

“La juventud no tiene edad.” – Pablo Picasso

El origen de la crisis de la mediana edad

En su artículo “La muerte y la crisis de la mediana edad” publicado en el año 1965, el psicoanalista canadiense Elliott Jaques compartió los resultados de un estudio biográfico que realizó a más de 300 artistas conforme se acercaban a los 50 años. Observó que se daba un aumento en la mortalidad entre los 35 y los 39 años, además de un descenso en la calidad y cantidad de material creativo que producían.

Jaques acuñó el término “crisis de la mediana edad” para referirse a algunos patrones de conducta que observó en estos artistas, considerando que el origen de esta crisis era la ansiedad depresiva que se producía en la segunda mitad de la vida al adquirir conciencia de la inevitabilidad de la propia muerte.

Según Jaques, durante la mediana edad, nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones, a la disminución de posibilidades y a la realidad de nuestra muerte. Para este autor, la forma de “solucionar” la crisis de la mediana edad es resignarse constructivamente a ciertas verdades inevitables y aceptarlas tras el paso por esta crisis depresiva.

Levinson, por otra parte, considera que la crisis de la mediana edad es un momento de desilusión que tiene su origen en el descontento con la estructura actual de la propia vida y la necesidad de cambio en uno mismo.

En lo que respecta a estudios, la enorme subjetividad y variabilidad en cada persona implica que estudiar la existencia o no de la crisis de la mediana edad sea bastante difícil. Además, teniendo en cuenta que incluso la longevidad se está prolongando cada vez más, existen grandes limitaciones desde el momento en el que hay que situar esta crisis en una década o edad en concreto.

No obstante, los investigadores han seguido realizando estudios con la intención de arrojar luz al tema que nos ocupa, dado que cada vez son más autores los que se cuestionan la existencia real de esta crisis.

El mayor de los estudios realizados en la cultura occidental englobaba a más de 3000 personas entre los 40 y los 60 años de edad. En este estudio, los participantes mostraron mayores grados de satisfacción y control de la propia vida que en la década anterior.

Otros estudios han mostrado que consideran haber pasado una crisis de la mediana edad solamente entre un 10 y un 26% de los mayores de 40 años.

En otra investigación, encontraron que los participantes mayores de 60 años consideraban haber experimentado esta crisis sobre los 53, mientras que los de 40 años la situaban a los 38, por lo que concluyeron que cuanto mayores eran los participantes, más tarde declaraban haber tenido la crisis.

Se ha observado incluso en chimpancés y orangutanes que, al acercarse a la mitad de su vida, mostraban bajo estado de ánimo, poco placer al participar en actividades sociales y una mala capacidad para conseguir llegar a cumplir sus objetivos. Todo parece indicar que estamos biológicamente programados a pausar en la mediana edad y adaptarnos a cambios en múltiples áreas de nuestra vida.

“No dejas de reír porque te haces mayor. Te haces mayor porque dejas de reír.” – Maurice Chevalier.

¿En qué consiste la crisis de la mediana edad?

De acuerdo con varios estudios, parece ser que los hombres tienen una mayor probabilidad de desarrollar estados depresivos al llegar a la mediana edad. Se ha llamado “andropausia” al síndrome que ocurre alrededor de los 50 años, en el cual suceden ciertos cambios multidimensionales que se relacionan con la crisis de la mediana edad:

  • Cambios endocrinos: ya desde los 30 años se da una disminución gradual de testosterona, cortisol y andróginos.
  • Aspiraciones y logros: el trabajo puede ser una fuente de autoestima y valoración personal. A lo largo de la vida, las aspiraciones personales pueden haber estado muy relacionadas con el trabajo y, hacia la mitad de la vida, encuentran que hay que adecuarlas a la realidad (tiempo que queda). Pueden haber llegado lo más alto que llegarán en el trabajo y tienen que aceptar este nivel de logro para siempre.
  • Estancamiento vs Crecimiento: puede darse la sensación de una falta de crecimiento, de haberlo vivido todo, descubierto todo y, en definitiva, de estancamiento. Esta sensación genera depresión y una necesidad de evitar el estancamiento a toda costa (conductas impulsivas, actuar como si fuera más joven, etcétera).
  • Enfrentamiento con la muerte: la muerte significa darse cuenta de que no se conseguirá todo lo que se pensaba conseguir. Una de las tareas más difíciles de la mediana edad es resignarse a la muerte y reorganizar las prioridades de la vida.
  • Relaciones familiares: es momento de realizar un reajuste de roles, los hijos se valen por si mismos, los padres envejecen, se recupera la pareja tras la marcha de los hijos (nido vacío).

En el caso de las mujeres, no existe gran diferencia respecto a los hombres en todo lo relativo al momento del ciclo vital, aunque a nivel hormonal y emocional es una crisis bastante distinta. Con la llegada de la menopausia, las hormonas relacionadas con la fertilidad empiezan a retirarse, provocando cambios a múltiples niveles:

  • Ansiedad
  • Cambios de humor
  • Insomnio
  • Palpitaciones
  • Sudoración
  • Desilusión
  • Tristeza
  • Mayor facilidad para llorar

Sin embargo, en general las mujeres son menos propensas a desarrollar la crisis de la mediana edad, ya que tienden a volverse más asertivas, creativas y ambiciosas, enfocando la vida con pasión y teniendo más en cuenta sus propias necesidades.

“Envejecer no es juventud perdida, sino una nueva etapa de oportunidad y fuerza.” – Betty Friedan.

La crisis de la mediana edad como necesidad existencial

Según un estudio de Harvard, la crisis de la mediana edad es una necesidad existencial para llegar a tener una segunda mitad de la vida plena y satisfactoria, aunque no por ello es menos dolorosa. Consideran que las personas, al temer tanto esta crisis, acabamos inhibiendo nuestras posibilidades de adaptarnos a la madurez. El origen de estos miedos, según los autores, es un choque de dos mitos opuestos: el mito de la mediana edad como el inicio del declive y el mito de la mediana edad como una transformación mágica.

Estos mitos contribuyen a que pensemos que la mediana edad es el principio del fin y que, inevitablemente, tenemos que buscar un cambio mágico y radical para poder adaptarnos al resto de nuestra vida. Para estos investigadores, la visión de la mediana edad solo como el principio del fin es una perspectiva reduccionista que genera una gran ansiedad en las personas.

Con la edad, los problemas se pueden poner en perspectiva, la experiencia vital es mayor, no existe esa necesidad abrumadora de encontrar el camino en la vida, la prisa desciende y se deja paso a la reflexión.

Por otra parte, existe una creencia generalizada en una transformación mágica según la cual, ante la crisis de los 50, podemos cambiarlo todo radicalmente sin consecuencias. De acuerdo con este estudio, estas ideas no contribuyen al cambio productivo en la mediana edad, sino que lo convierten en un salto de fe aterrador. Los cambios y las transformaciones requieren reflexión, a la vez que generan miedo y confusión, ¡no es tan grave!

En cualquier caso, parece evidente que la pérdida de la juventud aumenta la probabilidad de padecer una crisis vital llena de incertidumbre y ansiedad que puede llevar a estados depresivos. Es difícil encontrar respuestas a preguntas existenciales que quizá antes no estaban presentes y la mediana edad es un momento de crisis que puede solucionarse generando cambios muy positivos.

“Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años.” – Abraham Lincoln

Por ello,  los psicólogos del centro de psicología Canvis de Barcelona, podemos ayudarte en la gestión emocional de esta etapa de tu ciclo vital. Creemos que es importante poder resolver este momento de transición minimizando el sufrimiento y pensamos que, con la ayuda de un profesional especializado, se pueden tratar, aliviar, solucionar y entender las situaciones que suponen un cambio en la biografía personal.